
La democracia como sistema de gobiernos y organización de la sociedad nace como a la respuesta violenta de los pueblos oprimidos contra la tiranía y la opresión. Si bien en sus orígenes y formulaciones doctrinarias la democracia encuentra raíces profundas en la experiencia organizativa de los pueblos griegos, su concreción como sistema de gobierno se remonta a la revolución francesa y a las guerras de independencia americanas.
Ambos fenómenos se catapultan desde la rebelión de los pueblos contra el autoritarismo y el despotismo, y por lo mismo nace luego de confrontaciones violentas y sangrientas.
La inspiración de estas rebeliones está presidida por las ansias de libertad; por lo tanto, libertad y democracia es tan íntima e indisolublemente ligadas, de allí que afirmamos que no es posible que exista democracia sin libertad ni libertad sin democracia.
Los elementos configurativos del sistema democrático son:
- La soberanía popular: entendida como aquella premisa que otorga la propiedad del poder a los ciudadanos que, convertidos en un colectivo organizado, transfieren temporalmente ese poder a representantes elegidos bajo la fórmula de una persona un voto, transferencia que es temporal y además revocable.
- División de poderes: se refiere a que el poder político abarca ámbitos distintos de la vida colectiva; un ámbito es el poder de administrar la cosa pública; otro ámbito, es la facultad de dictar las leyes y normas que regulan la vida social. Además de este poder, es la facultad de administrar justicia; esto es, vigilar y sancionar la vigencia y aplicación de estas normas. La virtud esta separación de poderes radica precisamente en que ella evita la concentración que conduce al despotismo y al autoritarismo.
- El bien común: la democracia tiene un propósito esencial que pretende buscar, construir y garantizar el bien común. De ahí que cuando la autoridad se aparta de este objetivo, lo niega o lo traiciona, la propia democracia devuelve al pueblo soberano la facultad de recuperar su poder despojándoselo a quién, a pesar de haber sido elegido, violenta las reglas y niega el propósito de la democracia.
Dos ejemplos (aunque no los únicos) de cuán importante es este principio los encontramos en la Declaración de la Independencia Americana de los Estado Unidos, que de la brillante pluma de Tomas Jefferson sostiene:
“Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo, demuestra el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y establecer nuevos resguardos para su futura seguridad…”
Por su parte en nuestra latitud, es el propio himno nacional quien da cuenta de la importancia de la libertada y la democracia, cuando en su segunda estrofa sostiene que:
“Y si nuevas cadenas preparan
la injusticia de bárbara suerte,
gran Pichincha! prevén tú la muerte
de la patria y sus hijos al fin;
Hunde al punto en tus hondas entrañas
cuanto existe en tu tierra: el tirano
huelle solo cenizas y en vano
busque rastro de ser junto a ti.”
Esta inspiración da cuenta del supremo valor que los fundadores de la patria ecuatoriana otorgaron a la libertad al punto de invocar a las fuerzas de la naturaleza para hacer desaparecer a la nación antes que entregarla a un tirano.




