Hace ya una semana aproximadamente un amigo que hice aquí en el país de los mates me dice: “¿tú no crees que este tema de las Malvinas y Milei es como lo que ocurrió allá en Venezuela con Maduro y el Esequibo?”. En ese momento se me pasó responder esta pregunta, pero por la misma cuestión me encuentro ahora realizando este artículo, porque en efecto, parece que en la política latinoamericana existe una regla social (por tanto, no escrita): cuando la popularidad del gobierno de turno se está desplomando, la inflación erosiona en cada apéndice de la economía nacional; de allí que sacar a relucir viejos reclamos de soberanía sobre territorios es la manera predilecta de distraer a la sociedad por unos breves instantes que se convierten en meses.
Como bien se sabe, el mandatario actual de la Argentina, Javier Milei, realizó de manera reciente un discurso en cadena nacional el día jueves cuatro de septiembre de 2026, en el cual rechazaba la conocida autodeterminación de los isleños, anunciaba la construcción de bases navales en la Tierra del Fuego (la cual se encuentra a un aprox. de seiscientos kilómetros de las islas), sumado a un “Proyecto de Ley Soberanista”.
Quiero dejar en claro que esto no es una crítica a las medidas tomadas por dicha gestión, al contrario, son de felicitar; sin embargo, la crítica recae en el momento social en que se están dando dichas acciones. ¿Por qué ahora que el aumento del salario mínimo se dio, los senadores aumentaron sus salarios de manera exorbitante y la popularidad de La Libertad Avanza decae, deciden tocar el tema Malvinas una vez más?
Como advirtió el filósofo George Santayana: “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”.
En nuestra región existe un patrón que de manera reciente pudimos observar en el tema Esequibo de Venezuela, la disputa de Colombia y Nicaragua por el territorio marítimo o el más conocido de Bolivia y Chile con el reclamo sobre el paso al mar.
En síntesis, el timing político responde al llamado cálculo de consumo interno: el intento de cohesionar una base electoral desencantada y mover el foco de las actuales problemáticas socioeconómicas presentes en el Estado. De manera menos técnica, siempre es buen momento para desempolvar una problemática que mueve a la nación y asegura que la población deje de prestar atención a crecientes crisis.
Pongamos un espejo regional para comprender mejor esto y tomemos el caso del Poder Ejecutivo en Venezuela a finales de 2023; ante la posible primera victoria de la oposición al régimen en las elecciones presidenciales del año siguiente se realizaron referéndums sobre el Esequibo (territorio en disputa), así como discursos y llamados al país vecino de Guyana para finalmente dejar zanjado el debate sobre el Esequibo. Sin embargo, esto no llegó a nada más allá de eso… palabras. Venezuela dejó un poco de lado el tema de las futuras elecciones y se centró más en la reclamación, la cual se ha vinculado profundamente con el sentimiento nacionalista (que a su vez se encuentra fuertemente violentado, pero eso es tema para otro momento).
El Poder Ejecutivo de Argentina se encuentra siguiendo una lógica muy parecida en estos momentos: según iProfesional y fuentes de Proyección Consultores, si las elecciones se realizaran el día de hoy La Libertad Avanza supera a duras penas al movimiento de Fuerza Patria con una diferencia de 3.1 puntos entre ambos, lo cual se suma a la creciente molestia social con la gestión liberal. Es imperativo agregar lo ocurrido en el Mundial de Fútbol 2026 con el nombramiento de Las Malvinas por parte del equipo argentino y que en ese entonces el gobierno rechazara dicha expresión política de los jugadores, y como punto final se añadiría el discurso sobre la autodeterminación de los pobladores de Las Malvinas que fue criticado duramente por la sociedad. Analizando estos hechos, se puede prestar atención a un contexto muy similar al venezolano.
Observando la gestión de La Libertad Avanza en el Ejecutivo, actualmente vemos iniciado un lento tambaleo que, de no tener cuidado, podría llevarlos a su salida del poder. Este tipo de movimientos que buscan apelar al sentido nacional de la sociedad sureña no es más que otro ejemplo de lo dicho anteriormente; y es que efectivamente funcionó, dado que la misma semana del anuncio se dejó de escuchar sobre los salarios en el Congreso, el debate sobre los recortes y demás noticias que no daban una buena imagen de los políticos.
Finalmente, se puede considerar que estas causas podrían gestionarse como políticas de Estado, sin que sean dejadas de lado lentamente para volver a darles brillo en momentos de crisis y así compensar la erosión diaria; por tanto, la soberanía deja de ser una meta diplomática y se convierte lentamente en una conveniente estrategia de comunicación y limpieza política.





