Comentando la jornada electoral de Colombia 2026

El pasado 21 de junio en Colombia se concretó la avanzada de la ultraderecha en Latinoamérica con el personaje y ahora presidente electo Abelardo de la Espriella, y me refiero a él como un personaje porque él mismo ha sugerido que replicará modelos de diversas figuras políticas controvertidas como sus inspiraciones. De la Espriella tomó de referencia para sus propuestas las mega cárceles de Nayib Bukele, también invocó en sus discursos de campaña al presidente Javier Milei, Donald Trump y a Daniel Noboa, presidente de Ecuador, con quien sostuvo una llamada antes de la primera vuelta presidencial, donde se acordaron medidas económicas respecto a relaciones comerciales entre Ecuador y Colombia. No obstante, esta competencia no le correspondía a De la Espriella en ese momento, lo que se dio a entender como una falta a la soberanía nacional de Colombia, puesto que un presidente ajeno al país estaba incidiendo sobre las elecciones presidenciales. Del mismo modo, a inicios de este año se reunió con Santiago Abascal, líder del partido español ultraderechista Vox. Al mismo tiempo, Iván Cepeda se reunía con el actual presidente de España Pedro Sánchez. Sin embargo, en la visita que realizó Abelardo de la Espriella dejó firmada la Carta de Madrid, un manifiesto político que opera como red internacional para contrarrestar los movimientos de izquierda en países hispanohablantes.

Esto resulta coherente con las advertencias que ha manifestado con estridencia y sin vergüenza alguna el señor Abelardo de la Espriella sobre “destripar la izquierda, como corresponde”. Lo peligroso aquí es la normalización y respaldo que tuvo ese discurso en la sociedad colombiana, puesto que son comunicados abiertamente antidemocráticos e inconstitucionales, si se quiere, en nuestro país.

A su vez, el actual presidente electo mantuvo un mensaje de respeto por las instituciones, la democracia y la Constitución, sin que su electorado se conmoviera o cuestionara sus expresiones claramente violentas e incendiarias contra quienes resultan ser, a día de hoy, la mitad del país que próximamente gobernará. Con una diferencia porcentual del 0,96%, De la Espriella se instalará como presidente de Colombia para el periodo 2026-2030. Sus electores, por supuesto, responden en gran medida a un descontento con el actual gobierno y fallas en sus promesas de campaña; una de ellas fue el fracaso de la Paz Total, la cual fue altamente criticada y utilizada como argumento suficiente para calificar a todo un proyecto político como el Pacto Histórico como responsables del recrudecimiento de la violencia en Colombia. Lo que quiere decir es que la campaña de Abelardo fue tan efectiva porque recogió y se hizo a pulso de odio contra el actual presidente. Su discurso cautivó a quienes creen que el país necesita un cambio de gobierno, y De la Espriella creó la narrativa perfecta de una falsa equivalencia donde un cambio de gobierno es igual a un cambio ideológico de quien es el gobernante. Lo cual no resulta ser equiparable; para muestra de ello, el claro ejemplo es nuestro actual Ministro del Interior Armando Benedetti, quien converge con ideologías de derecha. El Ministerio de la Política en Colombia históricamente y en su mayoría ha estado a cargo de figuras políticas pertenecientes al espectro ideológico de la derecha.

Por otro lado, la campaña de Iván Cepeda se sentía cómoda para primera vuelta. Muchas y muchos de los votantes esperaban ganar, pero indudablemente la campaña le hablaba a sus bases electorales, a quienes ya venían trabajando o sosteniendo relaciones con el Pacto Histórico, dejando de lado que sí existe un descontento con el actual gobierno y propuestas creadas desde allí. Una de ellas era la promoción de una Asamblea Nacional Constituyente, la cual había sido promovida por el presidente Gustavo Petro mas no por el candidato Iván Cepeda, pero que rápidamente las contracampañas la vinculaban con la propuesta de Iván Cepeda sobre un Acuerdo Nacional.

Lo anterior llevó a que en la segunda vuelta Iván Cepeda dejara en claro y solicitara al presidente Gustavo Petro el retiro de la mesa encargada de la Constituyente, asimismo, reevaluar el continuismo de la Paz Total y su participación en debates públicos. Otro de los aspectos muy criticados en la primera vuelta y que sin duda resultó afectando en la derrota de Iván Cepeda en las urnas fue su decisión de no presentarse a debates, lo que en la segunda vuelta le llegó a beneficiar a pesar de no contar con la presencia del adversario Abelardo de la Espriella. Pese a los debates no realizados, Cepeda logró una maratón de entrevistas con diversas personalidades de figuras públicas colombianas, sobre todo hombres streamers, comediantes y actores con influencia en redes sociales. Lo que resultó en una transmisión en vivo con el candidato y algunos comediantes que se vio afectada por un presunto ataque cibernético al canal de los influenciadores. Por esos mismos días, un activista político de izquierda en Estados Unidos fue capturado por ICE. Beto Coral se encontraba realizando campaña en contra de Abelardo de la Espriella. El periodista colombiano Daniel Coronel dio cuenta de la situación y se informó que el firmante de esa captura había sido el Secretario de Estado Marco Rubio, quien manifestó y ha sostenido su apoyo a Abelardo de la Espriella. A día de hoy, el activista Beto Coral sigue sin reencontrarse con su hijo y es tratado en privación de su libertad como un criminal.

Sin embargo, no creo en la idea de “un país profundamente dividido”. Creo que aquí hay quienes son más fáciles de manipular que otros, y no por ello quiero referirme a que carezcan de conocimiento. Por lo anterior, me refiero a que Abelardo de la Espriella vio la oportunidad de sembrar expectativas en una sociedad descontenta y les entregó una propuesta vacía. La Patria Milagro recurrió al populismo de las y los que “nunca”, y en uno de los países más desiguales en el mundo como Colombia hemos sido muchas personas las que nunca hemos llegado, robado o salido de diferentes desigualdades, las y los que nunca hemos estado en la rosca y transado con clanes políticos, las que nunca hemos tenido un gran esquema de seguridad para pararnos en una tarima y gritar a todo pulmón como si la política se tratase de alaridos. Aquí no hay una Colombia dividida. Las y los electores tenemos la responsabilidad de rechazar la institucionalización del discurso de odio que se pretende legitimar con la llegada de Abelardo a la presidencia el próximo 7 de agosto.

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Sara Nicol
Sara Nicol
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