Del 24 al 26 de abril de 2026, la ciudad de Manta será escenario de un evento que trasciende fronteras: la VIII Cumbre Internacional de la Juventud y la Democracia. Más que un encuentro, esta cumbre representa un espacio donde las voces jóvenes se convierten en protagonistas del presente y constructoras del futuro. Este importante evento reunirá a jóvenes líderes de distintos países, consolidándose como uno de los espacios juveniles más relevantes de la región.
La participación de la juventud en estos escenarios no es solo importante, es esencial. Los jóvenes aportamos energía, ideas innovadoras y una visión renovada de la realidad. Somos una generación que no solo observa, sino que actúa, propone y se involucra activamente en los procesos que definen nuestras sociedades. Por ello, espacios como esta cumbre permiten visibilizar el verdadero potencial de la juventud como agente de cambio.
La magnitud de este encuentro se refleja también en su proceso de selección: más de 3.320 jóvenes de toda la región aplicaron para ser parte de esta experiencia, pero únicamente 639 fueron seleccionados. Entre ellos, 280 jóvenes de Ecuador, 122 de República Dominicana, 106 de Colombia, 45 de México, 29 de Perú, 15 de Honduras, 8 de Paraguay, 6 de Venezuela, 5 de Argentina, 4 de Chile, 4 de Guatemala, 3 de Bolivia, 2 de Haití, 4 de El Salvador, 2 de Cuba, 2 de Uruguay, 2 de Estados Unidos, 1 de Curazao y 1 de Panamá. Estas cifras no solo evidencian el alto nivel de competitividad, sino también el valor y la relevancia de ser parte de este espacio internacional.
En este contexto, tener la oportunidad de formar parte de este encuentro es, para mí, una experiencia profundamente significativa. Como joven ecuatoriana, me siento realmente emocionada de poder participar en un espacio de esta magnitud. Es la primera vez que tengo la oportunidad de integrarme a un evento de este nivel, y vivirlo representa un paso importante tanto en mi crecimiento personal como en mi compromiso con la sociedad.
Además, participo en esta cumbre como Coordinadora de Acción Social de REDMUN – Quito, lo que hace que esta experiencia tenga un valor aún más especial. No solo asisto como participante, sino también con la responsabilidad de representar un rol activo dentro de una organización que impulsa el liderazgo juvenil y la transformación social.
Representar a mi país en esta cumbre es, sin duda, un motivo de orgullo. Llevar conmigo la identidad, la voz y las aspiraciones de la juventud ecuatoriana me llena de una emoción inmensa. Es también una responsabilidad que asumo con entusiasmo, sabiendo que cada experiencia, cada diálogo y cada aprendizaje contribuirá a fortalecer mi visión y mi participación en la sociedad.
Este tipo de espacios demuestran que la juventud tiene un lugar real y valioso en la construcción del presente. No se trata solo de estar presentes, sino de ser escuchados, de compartir ideas y de generar conexiones que impulsen cambios positivos. La cumbre en Manta simboliza precisamente eso: una plataforma donde los jóvenes no solo participan, sino que lideran.
Además, que Ecuador sea sede de este importante encuentro internacional resalta el papel de nuestro país como punto de encuentro para el diálogo y la cooperación. Es una oportunidad que no solo beneficia a quienes participamos directamente, sino que inspira a más jóvenes a creer en su capacidad de incidir y formar parte de estos espacios.
Esta cumbre es, en esencia, una celebración del liderazgo joven. Es un recordatorio de que el futuro no está distante, sino que se construye hoy, con la participación activa de quienes tenemos la convicción de generar cambios.
Hoy más que nunca, la juventud no solo tiene voz, sino también el poder de transformar.





