Dolarización y desdolarización en Ecuador: entre estabilidad y riesgos

En medio de un clima político tenso y desafíos económicos persistentes, la dolarización ha vuelto al centro del debate público en Ecuador. ¿Por qué reaparece esta discusión a 25 años de su implementación? ¿Estamos ante una amenaza de desdolarización o frente a un intento legítimo de modernizar el sistema?

Desde el año 2000, Ecuador adoptó el dólar como moneda oficial en respuesta a una crisis económica que erosionó la confianza en el sucre. La medida frenó la hiperinflación, estabilizó los precios y trajo previsibilidad a las finanzas personales y empresariales. Para muchos, ha sido el pilar de la estabilidad macroeconómica en las últimas dos décadas.

Sin embargo, las declaraciones recientes de asambleístas de la Revolución Ciudadana —como Paola Cabezas y Gissela Garzón— han puesto sobre la mesa una “dolarización a la ecuatoriana”: la posible implementación de una moneda digital nacional que complemente al dólar en las transacciones internas. La idea ha sido recibida con escepticismo por parte del Gobierno, empresarios y sectores de la ciudadanía, que la perciben como el primer paso hacia una eventual desdolarización.

¿Por qué se cuestiona la dolarización?

Sus críticos señalan que, si bien ha traído estabilidad, la dolarización limita al país en términos de soberanía monetaria. Ecuador no puede emitir su propia moneda ni modificar su tipo de cambio frente a choques externos. Además, denuncian que el modelo ha favorecido a sectores específicos, pero no ha logrado resolver problemas estructurales como la informalidad laboral, el bajo crecimiento o la limitada inversión productiva.

Desde esta óptica, proponen explorar herramientas como monedas digitales o complementarias que fortalezcan la economía local y den mayor capacidad de maniobra al Estado, sin necesariamente abandonar el dólar.

¿Y por qué otros la defienden con firmeza?

Para sus defensores, la dolarización es una barrera contra el populismo monetario, la inflación descontrolada y el colapso del poder adquisitivo. Temen que cualquier intento de introducir monedas paralelas genere pánico financiero, fuga de capitales y pérdida de confianza, con altos costos sociales. De ahí que el presidente Daniel Noboa firmara un decreto ratificando al dólar como la única moneda de curso legal en el país, buscando cortar de raíz cualquier especulación.

¿Economía o campaña?

Este debate también se da en un contexto electoral. Mientras Noboa posiciona la dolarización como garantía de estabilidad, la candidata Luisa González ha tenido que aclarar que su movimiento no busca eliminar el dólar, aunque sus asambleístas sugieren matices. Gremios empresariales han pedido que el tema monetario no se convierta en una “bandera política” y han exigido claridad a los candidatos.

La dolarización no puede ser un tabú, pero tampoco un juguete electoral. Ecuador necesita una discusión seria y técnica sobre su modelo económico, basada en evidencia y proyecciones claras. Sea para mantenerlo, adaptarlo o transformarlo, el debate debe alejarse de la polarización y centrarse en lo que más importa: cómo garantizar estabilidad, crecimiento y bienestar en un país que aún busca su rumbo económico.

Por Gabriela Guerrero
Directora Cantonal La Mana
Red Mundial de Jóvenes Políticos

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Andoni admin
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