La amenaza sísmica en Ecuador es una realidad que no se puede negar: vivimos en un país marcado por la subducción de la placa de Nazca bajo la Sudamericana y por fallas geológicas que atraviesan todo el territorio. Ante un terremoto de gran magnitud, improvisar suele terminar en tragedia. Por eso, entender cómo funciona un sismo y actuar con precisión en los primeros segundos puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. El instinto de la mayoría es salir corriendo, pero los datos muestran que la mayoría de las muertes y heridas no ocurren por el colapso inmediato de un edificio, sino por la caída de objetos: mampostería, vidrios, techos, letreros. La acción inmediata debe ser aplicar la técnica de agacharse, cubrirse y agarrarse: ponerse de rodillas y manos para no ser derribado, proteger cabeza y cuello, buscar refugio bajo una mesa o escritorio firme y sujetarse a una pata. Si no hay muebles resistentes, lo más seguro es pegarse a una pared interna, lejos de ventanas y objetos pesados.
La estrategia de autoprotección depende del lugar donde nos sorprenda el sismo. En pisos altos, intentar bajar durante el movimiento es un error grave: las escaleras se deforman y el pánico colectivo multiplica los riesgos. Lo correcto es cubrirse en el mismo sitio y esperar a que termine el sacudón. Solo después se evacúa con calma por las escaleras de emergencia, nunca en ascensor. Subir a la terraza solo se justifica si las salidas hacia abajo están bloqueadas. En planta baja, evacuar puede ser seguro si la salida está a pocos metros y sin obstáculos; si no, lo mejor sigue siendo cubrirse adentro. En un segundo piso, la prioridad sigue siendo protegerse hasta que el movimiento termine.
En espacios públicos o mientras conducimos, los protocolos también son específicos. Si el sismo ocurre manejando, hay que detener el vehículo en un sitio seguro, lejos de puentes, postes o laderas, y permanecer dentro hasta que pase. El auto ofrece una celda de protección razonable contra escombros menores. Si ocurre caminando en la ciudad, lo más importante es alejarse de las fachadas y buscar espacios abiertos, cuidando de no acercarse a cables caídos. En la costa, un sismo fuerte y prolongado es señal inmediata de tsunami: la evacuación debe ser rápida, a pie, hacia zonas altas o rutas señalizadas, sin esperar sirenas ni usar vehículos. En lugares masivos como centros comerciales, cines o estadios, el peligro mayor es la estampida; lo correcto es refugiarse junto a columnas o bajo butacas y seguir las instrucciones de brigadistas.
Después del sismo, empieza la fase de prevención de riesgos secundarios. Lo primero es cerrar las llaves de gas y agua, y nunca usar fuego ni electricidad hasta descartar fugas. La comunicación debe ser eficiente: mejor usar mensajes de texto que llamadas, para no saturar las redes. Las réplicas son esperables y pueden ser peligrosas, por lo que la mochila de emergencia, las rutas de salida y la información oficial del Instituto Geofísico y la Secretaría de Gestión de Riesgos son esenciales para mantener la calma y la seguridad.





