Para hablar de este gran tema es importante precisar lo que entendemos por “Educación” y, aunque podríamos analizar algunos puntos de vista filosóficos, algunos pensamientos de personas ilustres o leer sobre varias definiciones de la educación, podemos sostener que la educación, en sí, es el proceso por el cual las personas adquieren, construyen y forman conocimientos, habilidades o actitudes con el fin de entender y transformar su entorno a lo largo de su vida. Y, en general, la educación se debe entender como el desarrollo humano y social de un individuo a partir de sus vivencias e interacciones.
La educación, de acuerdo con la UNICEF México, ha buscado formar a los niños, niñas y adolescentes de una sociedad con base en los conocimientos básicos que les permitan desarrollarse como adultos, dotándoles de herramientas para conocer y ejercer sus derechos. Pero debemos preguntarnos: ¿Así ha sido? Entre cambios estructurales, ideologías políticas hegemónicas, transformación de visiones, la educación en México ¿ha logrado impulsar de verdad a la niñez y ha buscado formar una sociedad que busca desarrollarse en su entorno? En la actualidad, los saberes enseñados en la “Nueva Escuela Mexicana” en la educación básica han sido muy cuestionados. Algunos alarmistas incluso la señalarán como la llegada del “virus comunista a las escuelas”; otros verán en la educación sexual un tabú del cual se deberían encargar solamente los padres de familia. Y así continuaremos con ideas que, más allá de cuestionar a las políticas públicas reales, solamente buscan acentuar la polarización que existe en los últimos años, la cual, más allá de buscar soluciones, solo criminaliza al conocimiento sin una revisión real sobre el sistema, los problemas estructurales y la política pública en el rubro.
Podremos o no estar a favor de los saberes actuales, pero más allá de criticar a la actual gobernanza pública, es necesario mirar los verdaderos problemas de las escuelas, ser críticos y entender que la escuela no debe ser un espacio a cargo de los maestros nada más, sino más bien un espacio del que la sociedad debe ser parte para crear una colectividad e impulsar a las infancias a superarse, pero también contribuir a una comunidad a la cual pertenece.
En México el rezago académico es real y preocupante: más de 6 millones de niños y jóvenes no asisten a la escuela, de acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). Las cifras de rezago aumentan conforme nos acercamos a un mayor nivel académico. Pero ¿a qué se debe? Existen muchos factores que influyen en la crisis educativa, por ejemplo:
- Desigualdad económica y educativa: existen brechas importantes entre zonas urbanas y rurales, las cuales dependen en gran medida del crecimiento económico de las zonas, el origen étnico y las posibilidades existentes en el lugar.
- Formación docente: si bien en México siempre se habla de las Escuelas Normales, universidades especializadas en la educación primaria y secundaria, no existe una estandarización de temas, tampoco una continua capacitación ni posibilidades de crecimiento en el área. Si existen fallas y deficiencias en la formación, estandarización y apoyo al docente, ¿cómo pediremos una mejor educación para los niños, niñas y jóvenes?
- Brecha digital y falta de infraestructura: si bien se han aumentado los apoyos y becas en los alumnos de educación básica, también se ha disminuido el gasto en infraestructura y modernización de las escuelas. Esto, sumado a la falta de apoyo de los padres de familia —quienes buscan que la responsabilidad caiga solo en el Estado (una opinión totalmente justificada, pero que debería cambiar para el bien de la educación mexicana)—, hace que la modernización de las aulas y la mejora de las escuelas sea un trabajo casi imposible.
- Pobreza, malnutrición y violencia en zonas específicas: no se puede ver el rezago educativo sin mirar los problemas a los que se enfrentan los niños mexicanos: una profunda sociedad en pobreza a la cual se le exigen colegiaturas, material didáctico, uniformes y, desde hace años, una buena conexión a internet; una muy mala nutrición que afecta completamente el desempeño de los niños y niñas; e incluso el miedo de no regresar a casa por la sencilla razón de haber estado en el momento y lugar equivocados de camino o de regreso a la escuela.
La educación como proyecto social: la educación no se ve como un eje de desarrollo, una búsqueda de un mayor pensamiento, un aporte a la comunidad y al Estado, sino más bien como una obligación si quieres comer. Es decir, se dejó de ver a la educación como un proceso para adquirir herramientas de pensamiento y se convirtió solamente en un lugar de formación de capital humano.
Con los puntos señalados anteriormente se observa que no es necesario solamente una reforma en cuestión de saberes educativos, una modificación del plan de estudios o un aumento de becas sin una razón de ser, ni un cambio de régimen para garantizar que la educación en México logre su objetivo primordial, el cual es: formar a los niños, niñas y adolescentes de una sociedad con base en los conocimientos básicos que les permitan desarrollarse como adultos. Más bien se necesita que la escuela deje de ser un lugar de formación de capital humano, un lugar lejano para aquellos papás que no se involucran en las decisiones escolares, un país que no vela por los derechos básicos de su población y que continuamente cambia la visión y la política educativa.
Para combatir la crisis de educación es necesario que la escuela empiece a ser un lugar que nos interese a todos y todas, un lugar donde el docente no sea el encargado, sino el guía; que los conocimientos no busquen formar capital humano, sino otorgar herramientas necesarias para contribuir a la sociedad; y que el gobierno vea un proyecto de continuidad y busque romper las brechas de la desigualdad para aumentar las oportunidades de niños, niñas y jóvenes.





