La romantización del voluntariado está quemando líderes potenciales

La búsqueda de validación en los jóvenes hace que organizaciones como AIESEC tengan sentido. Sí, desde que inicia la juventud ya se construyen sistemas aspiracionales y, en Ecuador, un país donde las oportunidades ya tienen nombre y apellido, la búsqueda del liderazgo genera un entorno de crecimiento disruptivo.

AIESEC actúa como ese lugar seguro donde no debería importar tu procedencia, tu récord académico, tus preferencias en el amor y otros tantos aspectos de una típica conversación entre jóvenes. Pero existe un factor que lo distingue frente a otras propuestas de voluntariados juveniles: el tiempo. Al tener una línea de carrera que transiciona al voluntario como un profesional, determina qué tan dispuesto está el joven a tomar ciertas decisiones para crecer o no.

Dentro de este universo de decisiones está la organización del tiempo y, para la perspectiva de un joven, se suele percibir como si le estuvieran “arrebatando su tiempo libre”. Es ahí donde la incomodidad surge. Pero aquí viene lo interesante: AIESEC promueve la incomodidad como un impulsor. Sí, porque pocas veces se nos ha enseñado que salir de la zona de confort es aquello que nos hace crecer.

Para ejemplificar mejor esta dinámica, imaginemos que eres un nuevo miembro de la organización y te interesa demostrar tus habilidades en marketing, pero te dirigen a la coordinación de talento humano. Sí, estas eventualidades suceden a menudo en AIESEC y es ahí donde las experiencias prácticas conviven en entornos desafiantes, haciendo que el joven construya su estilo de liderazgo y vocación de servicio.

Durante estos cuatro años en la organización he visto y liderado a muchos jóvenes (como yo), pero siempre tengo la misma conversación inicial con ellos: invitarlos a profundizar más en por qué, cuando una experiencia de voluntariado tiende a ser fluffy, nos retiramos de ahí. Más aún, cuando llega un voluntariado profesional caemos en cuenta de que hemos romantizado nuestra voluntad para hacer las cosas.

El liderazgo no debería medirse por cuánto te desgastas, sino por cuánto impacto puedes sostener a través de tu convicción. Porque, lastimosamente, en Ecuador el liderazgo es una consecuencia que surge del hartazgo de mantenerse quietos frente a las injusticias. Y cuando un joven convierte la incomodidad en un impulsor de acciones concretas, entendemos el porqué existen voluntariados juveniles como AIESEC.

Hasta el día de hoy sigue siendo tarea pendiente reformular el modo de pensar del joven ecuatoriano, que ha crecido con la idea de que la voluntad se puede ejercer cuando nos plazca y no cuando realmente necesitamos que exista. De lo contrario, seguiremos desperdiciando nuestros esfuerzos en buscar el pleno desarrollo del potencial humano.

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