¿Cómo vivir en este mundo tan caótico?

Vivimos en un mundo que parece estar cada vez más conectado; tenemos la sensación de que estamos a un solo clic de encontrar la solución a todos nuestros problemas, pero la realidad es otra.

Las redes sociales, si bien pueden ser una gran herramienta, también son una gran perdición. Y sí, soy joven y pierdo también el tiempo, pero ¿cuánto tiempo estamos dispuestos a regalar?

Las experiencias humanas son, sin lugar a duda, sociales y muy propias; necesitamos muy profundamente conectar, sea con alguna persona, la naturaleza o con una idea. Lo artificial puede ser muy sintético y lo real puede ser muy abrumador, pero este es el mundo en el que vivimos.

No es perfecto y sí nos podemos quejar. Yo elijo hacer algo al respecto por mí, porque el cambio ante cualquier situación nace en uno y luego hacia el resto.

¿Por qué comencé diciendo que tenemos la sensación de cada vez más estar cerca de algo grandioso? Es porque así es más fácil mantenernos donde estamos: si alguien más va a solucionar nuestros problemas, ¿por qué haría algo? Si la solución llegará pronto.

Los seres humanos somos esclavos de nuestras emociones. Y si bien tratamos de ser lo más lógicos posibles, no podemos desapegarnos de ese lado emocional. La discusión no es cómo separarme de mi lado humano, sino cómo hacer las paces conmigo mismo y sentir mis emociones, no bajo el control, pero sí bajo vivir las experiencias humanas de manera trascendental, no por nosotros sino por algo más grande.

Y esto “más grande” es contradictorio a lo anterior inicial, pero es que para poder comenzar a hacer cambios sí quizás debemos comenzar con el ego y luego hacia lo humilde, lo que es más grande que nosotros, y eso puede ser cualquier cosa que nosotros queramos.

Dentro del caos natural del mundo vivimos un caos más grande: “el caos humano”. Y no es más que una serie de cuestiones innecesarias, pero que matan más que la enfermedad más letal o el depredador más voraz. Y si aún no lo habías visto, ese gran enemigo es nuestra propia mente, por el simple pero poderoso hecho de tratar de deshumanizarnos. Paradójicamente, las redes sociales nos han desconectado: solo vivimos sensaciones de conexión con emociones artificiales, pero como dije, son plásticas, falsas, momentáneas y pasajeras. Después de la dopamina del segundo nos sentimos profundamente vacíos; sin sentido, perdidos, en un vasto universo de posibilidades. Y, ¿qué hacer entonces? Quizás comenzar por el principio, o ir hacia lo urgente o lo importante. ¿Qué debo hacer? ¿Hay algún rumbo, algún camino a seguir, alguien que me venga a salvar de mí, de este mundo?

Y sí hay alguien: es alguien a quien no escuchas, la persona a la que menos atención prestamos, la última persona que se te podría ocurrir. Y no, no es tu mamá, un amigo o un ser divino (que podría ser), pero a la persona más importante a la que todos nos debemos es a nosotros mismos.

Y es que en esta desconexión con la realidad, a quien perdemos primero es a nosotros, y de manera sucesiva al resto. Podríamos echarle la culpa de todo esto a algún tercero, pero no: el verdadero responsable de todo siempre es uno mismo. Sí, es duro de aceptarlo, pero debemos ser conscientes de que a partir de cierta edad ya somos responsables de todo lo bueno y malo en nuestras vidas. Y es aquí donde nos encontramos actualmente: al frente de la mejor compañía del mundo, llevada por la dirección más inexperta del mundo. Si bien podríamos tratar de justificarnos de muchos modos o nombrar cualquier excusa, esto no quita el hecho de que seguimos siendo responsables. Pero no seas tan duro contigo mismo, porque sí somos culpables, pero no desde el victimismo, sino desde la responsabilidad. Y nos debemos, por derecho y amor, volver a conectarnos (sí, con nosotros). Es quizás raro de entender esto que les digo.

Ser conscientes es un buen primer paso; perdonarnos es otro paso, y seguir adelante es la continuación lógica. Pero todo este recorrido es muy propio y tomará el tiempo que tenga que tomar.

Esto le aplica a cualquier persona que esté viviendo en este siglo; solo hay que extrapolarlo a nuestras vidas, de forma en que no nos comparemos respecto a un tercero, sino más bien respecto de nosotros en un pasado y hacia el futuro. Es nuestro único camino: el nuestro.

No siempre nos damos cuenta y no siempre es necesario, porque de una forma u otra lo que vivimos nos hace llegar a los lugares donde debemos estar. Es fácil ver las cosas en retrospectiva, y qué difícil es tratar de ver hacia el futuro tan incierto, tan variable y, sobre todo, incontrolable. Pero hacer lo que podemos con lo que tenemos es el arte de transformar nuestras debilidades en fortalezas y seguir caminando sin importar las múltiples realidades que vivamos. Si lo hacemos conectados con nuestro verdadero ser, transitaremos todas las adversidades, no de forma perfecta, pero sí cayéndonos y volviéndonos a levantar.

Todos nacemos con varios poderes, dones o habilidades, pero también tenemos la capacidad de adquirir nuevos. La experiencia humana se trata exactamente de eso. Pero si nos quedamos absortos viendo cómo la vida pasa, seremos vividos, pero no viviremos. La vida es un concepto al cual nosotros damos forma y sentido, siguiendo lo que resuene más con nuestro ser.

Porque si alguien sabe que está mal somos nosotros mismos. Paradójicamente, tenemos las respuestas a todos nuestros problemas en nuestro interior. Solo que, para poderlo ver, una vez que resonemos en la misma sintonía con nuestro yo interior, debemos poder ver el de los demás, y con su ayuda iremos sacando todas las respuestas que estaban en nosotros todo el tiempo. Pero solo con la ayuda de un tercero podremos lograrlo. Somos humanos como una especie única en el planeta, por nuestras habilidades, nuestros errores, nuestras mayores imperfecciones, y para bien o para mal es lo que debemos habitar.

“Un viaje de mil millas comienza con un solo paso.” – Lao-Tse

La pregunta es: ¿cuándo quieres comenzar a vivir de verdad? Y sí, deberás desprenderte de ese antiguo yo, cómodo, y trascender de dentro hacia afuera y hacia lo más grande, lo que nos une a todos. Pero solo viviendo lo más humanamente posible, en el buen sentido de la palabra. Conectemos más con nosotros (pero de verdad) y conectemos con los demás de forma genuina y desinteresada. Así nuestros intereses se resolverán y vivir en este mundo será más fácil, y el caos humano dejará de ser el mayor de nuestros problemas. Lo innecesario pasará a un plano secundario que no nos afecta, y nos enfocaremos en el caos natural real, porque ese caos es justo y necesario para trascender, no el creado por nosotros para evadir la realidad.

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