Más conexión en la era de la desconexión

Por: Catalina Bossano

Puede sonar paradójico hablar de «más conexión» en una sociedad absorbida por las pantallas, pero la realidad es que, cuanto más nos conectamos a la tecnología, menos lo hacemos con nuestra propia humanidad.

Vivimos en una era donde parecen coexistir realidades paralelas: la de las redes sociales y la de la vida real. Existe una tendencia a creer que, al tener muchos “amigos” en Instagram, Snapchat, TikTok o Facebook, estamos más acompañados que nunca. Sin embargo, los estudios recientes dejan claro el impacto negativo en la salud emocional, especialmente entre los jóvenes, de este vacío creado por la vida en línea. Diversas investigaciones vinculan el uso constante de pantallas y redes sociales con problemas como depresión, ansiedad, pensamientos suicidas, conductas autolesivas, problemas de sueño y dificultades cognitivas y de atención. (Abi-Jaoude, E. et al. 2020. Smartphones, Social Media Use and Youth Mental Health. CMAJ. Vol. 192.)

Esperar más estudios concluyentes sería un error mayúsculo; los efectos ya son palpables en nuestra vida cotidiana. Basta con observar a las familias en un centro comercial: niños, jóvenes y adultos están absortos en sus teléfonos o tablets, sin interactuar ni reaccionar a su entorno, y sólo alzan la vista, con suerte, para evitar un accidente. La frustración y la impaciencia son cada vez más comunes entre niños y jóvenes, quienes esperan que todo sea tan inmediato como el deslizamiento de un dedo en la pantalla.

Hoy, pareciera más difícil lograr que los chicos se desconecten de sus dispositivos para salir a jugar, a diferencia de lo que antaño suponía pedirles que entren a casa cuando caía la noche. Los adultos tenemos un papel crucial para evitar que las “dosis” constantes de dopamina generadas por las redes sociales se conviertan en una adicción. (Nandiraju, A. y Verma, A., Mitigating Social Media-Induced Dopamine Loops through Machine Learning. 2023. SSRN.)

Por ello, es esencial fomentar una conexión más profunda con nuestras familias y seres queridos para contrarrestar los efectos negativos de las pantallas. Conectarnos significa estar presentes al 100%: dejar de lado los dispositivos y volver a los pequeños detalles como el contacto visual, las conversaciones genuinas y las caminatas al aire libre. Marian Rojas Estapé ha lanzado un llamado a la conciencia sobre este mal moderno. Su primera recomendación es que los adultos reflexionemos sobre el rol de las pantallas en nuestras vidas, ya que el ejemplo habla más que mil palabras. Después, es crucial acompañar a nuestros jóvenes en el proceso de gestionar sus emociones, como la frustración, la tristeza y el aburrimiento. (Rojas Estapé, M. 2021. Educar Es Todo).

Los cambios suelen generar resistencia, pero planificar como sociedad y remar juntos contra esta corriente virtual, que cautiva a los jóvenes, es la única solución para ayudarlos a regular el uso de las pantallas. Solo así podrán conectarse de nuevo con sus seres queridos y vivir una vida más sana, auténtica y humana.

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