Quito: el miedo no debería ser rutina

Caminar por las calles de esta ciudad se ha convertido, para muchas mujeres, en una actividad que desenvuelve con temor y temblores. Las desapariciones de mujeres en Quito ocurren demasiado a menudo como para seguir siendo un problema tolerable en el discurso político y social. Los habitantes de esta ciudad ya no pueden dejar de expresar su preocupación ante el número de casos registrados todos los días. Este tipo de violencia tiene múltiples consecuencias: familias separadas, comunidades traumatizadas y una población vulnerable dentro de grandes aglomeraciones.
Las mujeres de Quito ya no caminan por estas calles sintiéndose seguras y tranquilas. Esa era la sensación antes. Ahora solo piensan en cómo llegar al trabajo sin subirse al metro por motivos de seguridad.
Esto no debería tratarse de una cuestión política, porque lo que realmente necesitan ahora las familias afectadas es un sistema policial eficiente y unas condiciones generales de vida seguras. En cuanto al Sistema Nacional de Seguridad, me parece decepcionantemente ingenuo. Parece que quienes lo dirigen no comprenden la gravedad de la amenaza. Tampoco comprenden qué herramientas tienen disponibles para reducir las desapariciones de personas en el territorio de la ciudad de Quito. Sí están dispuestos a aceptar la responsabilidad regulatoria de la administración local y a contar con su ayuda. Entiendo que la alcaldía de Quito quizá no sea plena responsable de las acciones de la policía nacional. Sin embargo, cuenta con recursos financieros considerables que podrían utilizar ahora mismo para invertir en orden público y seguridad ciudadana. A menos que decidan centrarse únicamente en proyectos innecesarios y totalmente insuficientes (cámaras e instalaciones de videovigilancia que permanecen inutilizadas la mayor parte del tiempo), deberían examinar otras medidas importantes. Entre ellas se incluyen el mantenimiento de la iluminación pública en sitios conocidos asociados con actividades delictivas, como parques, entradas y arcén; el control de los servicios de taxi; y la programación adecuada de turnos para agentes de policía que estén presentes en lugares estratégicos. También está injustificado que se exija a las autoridades locales esperar hasta que sea posible organizar una operación bien coordinada cuando se reporta una desaparición. Cuando se trata de encontrar potenciales rescatadores humanos, el tiempo es de suma importancia. Deben iniciar la investigación en el momento en que se solicite ayuda.
Aunque es fundamental tener en cuenta todas las responsabilidades que incumben a las autoridades actuales, todos nosotros debemos hacer algo para mejorar nuestra situación. En todo caso, una vez que Quito empiece a sentirse más segura para las mujeres, tendremos otra oportunidad de acogerlas con los brazos. Para empezar, creo que siempre es útil contar con una red de apoyo sólida en cualquier comunidad. Les sugiero que informen a familiares y amigos de dónde estarán si viajan o utilizan algún tipo de transporte público. Algunas personas usan códigos especiales en sus cuentas de mensajería para indicar cuándo se encuentran en una situación sospechosa. Estoy de acuerdo en que es esencial desarrollar y practicar ciertos planes de contingencia. Hay varias maneras de elaborar tales planes. Por ejemplo, podrían crear direcciones alternativas en sus teléfonos celulares para contactar fácilmente a algunas personas en situaciones críticas. Otros podrían decidir evitar ciertas rutas y lugares desconocidos que puedan parecer poco seguros por la noche, o no atravesar calles sin faroles Tampoco está demás pedirles a los proveedores de telefonía celular que configuren accesos directos al servicio de emergencia. Sería bueno que las personas empezaran a reflexionar sobre formas de relacionarse de manera más confiable con sus vecinos. Tal vez entonces crezcamos suficiente para comprender cuán solos estamos cuando se trata de preservar nuestro bienestar personal. Puede que este consejo no resuelva absolutamente nada, pero al menos tendremos la oportunidad de ayudarnos mutuamente. Nuestras vidas siempre deberían depender unas de otras. Quito no puede continuar viendo como algo normal sufrimientos tan terribles causados por la violencia contra las mujeres. Regresar al estado de cosas pacíficas que tenía hace unos años debería ser ahora el mensaje principal transmitido por nuestros funcionarios gubernamentales.

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