“Puede que no esté de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”, dicta una frase asociada al pensamiento de Voltaire, filósofo de la Ilustración francesa. Es bajo esta idea que se entiende a la tolerancia como una aceptación a las palabras y a los discursos. Empero, también se incluye a las diversas formas de expresión y de comportamiento, siendo así un reflejo del respeto a la diversidad.
En la actualidad, se han empleado etiquetas de manera excesiva para clasificar las diversas formas de comprender el mundo: es bueno o malo, es blanco o negro, es correcto o incorrecto. Y es que, en una sociedad donde existe variedad de ideas, donde los grupos sociales se identifican con características similares y donde se plantea mantener el status quo, es fundamental para las autoridades y grupos de poder ejercer un control sobre las personas.
¿Y en qué se relacionan estas etiquetas con el control de la sociedad? Se relacionan debido a que, al existir una diversidad de ideologías, estas pueden ir en contra de lo que desean conservar quienes dirigen el Estado y la sociedad. En respuesta a esa oposición, estos grupos rechazan, juzgan, critican o incluso reprimen a las personas y grupos que no comparten su forma de pensar y actuar.
Entendida como un conjunto de ideas, creencias, valores y actitudes que permiten su relacionamiento con la sociedad y le permiten entender su realidad.
Para facilitar esta represión, las etiquetas juegan un papel clave al acentuar las diferencias. Pero, además de ello, las autoridades las fortalecen mediante discursos de odio que se repiten a través de los medios de comunicación o de redes sociales, y a su vez permiten que la sociedad asimile con convicción que la idea que defienden sus gobernantes es la correcta, dándole legitimidad, mientras que la que se rechaza es la incorrecta. Incluso en los casos más extremos, para consolidar un gobierno autoritario, esta persecución del grupo escala hasta que se declara al grupo como enemigo del Estado, una estrategia que asegura la continuidad del poder, el apoyo de la ciudadanía por sus gobernantes y la normalización de la exclusión de ciertos grupos.
En su obra 1984, Orwell se refiere a un mundo distópico donde el control es tan fuerte que incluso los pensamientos han sido moldeados para que odien a un enemigo común, Emmanuel Goldstein, a quien por añadidura se le dedica un espacio, conocido como los Dos minutos de odio, para insultarlo y expresar su furia contra él, aunque sea mediante una pantalla que refleja su rostro. Otro enemigo también es mostrado en la figura de guerra constante que, independientemente de con quién se presente, siempre está activa. Esta obra, por añadidura, nos muestra la importancia de mantener un enemigo común para el Estado y, con ello, sus gobernantes, ya que estos aparecen como los héroes que ayudan a controlar y mejorar la sociedad, siendo quienes enfrentan el peligro.
Ahora bien, el enemigo del Estado puede ser un grupo que afecta a la sociedad, como sucede en nuestro país con los GDOs o los PPLs, que se han convertido en el constante enemigo contra el que lucha el Estado. Prueba de ello es que empieza a generar políticas para enfrentar a este enemigo, en ocasiones sobre los derechos humanos y la dignidad humana. Es en este sentido que vale pensar en el Derecho Penal del Enemigo que, para Günther Jakobs, su precursor, corresponde al castigo del autor de un delito por el hecho de considerarlo peligroso, es decir, es la reacción frente a un enemigo. Esta forma de entender el derecho hace que se considere a este grupo como a un exiliado, como a un otro que no merece ser parte de la sociedad, lo que aumenta la estigmatización, la violencia e inclusive se enfoque en la construcción de cárceles antes que en la rehabilitación social.
Grupos de Delincuencia Organizada
Personas Privadas de la Libertad
De esta manera, es necesario que la tolerancia sea una cualidad que acompañe nuestra forma de pensar y actuar, que no dejemos en etiquetas la complejidad humana y social, recordando que no todo es blanco o negro, sino que existen sus matices, y que no todo lo diferente es malo o un enemigo, sino que puede ser el resultado de un contexto y una cosmovisión diferente o de un sistema que no atiende a sus necesidades. Por lo tanto, necesitamos como sociedad poder actuar mediante el respeto, el diálogo y la unidad.





