El país enfrenta mucha diferencia entre el coste de vida y un salario digno, no solo para personas que tienen largas jornadas, sino también en la afectación a una vida mejor. Vemos muchos ejemplos en los espacios públicos, en mercados y lugares donde se reúne la gente. Más que una solución viable, debemos ser conscientes de que es el recurso de muchas otras personas para solventarse diariamente, pero en varias de estas no siempre se reconocen buenos tratos. En más áreas de trabajo ocurre algo similar.
En áreas rurales el efecto es mucho más grande, teniendo como prioridad el trabajo informal y la priorización del comercio antes que una educación adecuada. Para una madre de mayor edad, su trabajo y vida consisten en obtener recursos para sus hijos, mientras ellos también se encargan de un trabajo similar. Si bien esta desigualdad se viene trabajando para reducirla, los números son diferentes: en el coeficiente de Gini el nivel a escala nacional fue del 0.444, similar a años anteriores, pero sin tomar un punto importante. Como se ve actualmente con la tecnología, los espacios antes se llenaban de conversaciones donde el conocimiento daba oportunidades con oficios, comparado a que ahora una actividad más sencilla es mirar un celular.
Hablar de la desigualdad se ve afectado en más aspectos y fuertemente atacado en el sector rural, donde al final muchos terminan en maltrato o en la idea de que el que menos recursos obtiene debe aguantar más, así como pasa con personas inmigrantes. En el país no es solo que el dinero no alcance, sino que varias veces no hay dignidad en el trabajo que existe.
En la imagen para el país no se termina de ver bien: mercados llenos de comercio informal, calles llenas de vendedores que necesitan los recursos para poder mantenerse con un sueldo menor al básico. Y es que terminamos marginando a los pueblos, las culturas creciendo en ambientes en los que las personas con más recursos terminan mirando de mala manera a otras, incluso por su etnia. Un pequeño cambio está en no terminar normalizando estos tratos, en la empatía con las demás personas y en la ayuda que generaba la preocupación por los demás cuando algo sucedía.
Revisando las cifras, aunque estas no varían demasiado año tras año, tampoco mejoran. Existe cada vez una brecha entre clases sociales que termina en mala educación, muy malos hábitos y un tipo de vida que lleva a tener un entorno inestable para nuevas generaciones.





