La Virtù de la Juventud en América Latina

Hay una palabra del latín cuyo significado original no pasó por completo a su traducción al español y que es muy importante para entender el pensamiento político de la república romana. Me refiero a la palabra virtus o virtù en italiano. Este concepto es central en toda la obra de Nicolás Maquiavelo, famoso politólogo renacentista y uno de los mayores estudiosos de la historia romana. Aunque suele traducirse al español como “virtud”, el autor no se refiere al significado que ha llegado a la actualidad, esto es, la disposición o valor de actuar conforme a la moral, que en italiano es más parecida en significado a la palabra virtute. La virtù, en cambio, se refiere a la energía o disposición a actuar en la esfera pública. Aunque lleva por sentado la presunción de principios morales para su óptimo ejercicio, se refiere más a una habilidad práctica de esos principios en la infinita variedad de circunstancias donde debe ejercerse la acción. Quien ejerce la virtù es un virtuoso en el mismo sentido que en la música, el deporte o la danza. Su saber es un saber práctico referido a asuntos políticos y militares. Es, en esencia, la capacidad de juicio y de decisión: requiere coraje, disciplina y capacidad para decidir, pero también honestidad, amor a la libertad y a la patria. En el ámbito político se refiere a la capacidad para gobernar o fundar Estados, que se adquiere aprendiendo de la experiencia de los virtuosi de otros tiempos transmitida por la tradición, las biografías y el ejemplo histórico. No existen reglas en el actuar virtuoso, ya que cada comunidad política requiere habilidades adecuadas a su contexto para garantizar el bien común. Los romanos creían que la virtù estaba sometida a circunstancias variables y dependía, en parte, de los límites impuestos por la fortuna, conceptos profundamente vinculados entre sí. Recordemos que, para los romanos, la fortuna se trataba de una diosa caprichosa, inconstante y errática, y que, en tanto que femenina, gustaba y habría de ser seducida por los hombres más audaces y viriles; de ahí que el concepto de virtù estuviera asociado a la hombría y masculinidad (no en un sentido patriarcal), pues eran aquellos hombres los que, con sus acciones virtuosas, podían seducir a la fortuna y ponerla de su lado.

En América Latina, creo que retomar este concepto es esencial para que sepamos elegir mejor a nuestros gobernantes y que todos aquellos que aspiran a la elección de un cargo público busquen ser virtuosos en el sentido más completo de la palabra. En Roma, sobre todo en su etapa republicana, abundaron los ciudadanos justos, valientes, austeros, leales, honrados… y, sobre todo, amantes de la ley y de la patria, que anteponían el interés público al propio. Fue por sus hombres virtuosos que Roma llegó a ser tan grande en su tiempo, y su decadencia comenzó cuando dejaron de practicar la virtù y permitieron que la corrupción y la ineptitud se adueñaran de aquello que tanto esfuerzo había costado construir.

Como jóvenes, si aspiramos a la participación pública, debemos recordar que la virtù es un valor que debemos practicar y que nada tiene que ver con la edad. En sus Discursos, Maquiavelo menciona casos de líderes romanos que desempeñaron cargos importantes con virtuosismo desde muy jóvenes. Sostenía que, siempre que un joven se diera a conocer por un acto notable, sería perjudicial para su ciudad no poder valerse de él inmediatamente y tener que esperar a que envejeciera, junto con esa fuerza de espíritu y esa viveza que tanto podrían servir a la patria (Discursos, libro primero, capítulo 60, pág. 202). Pero también es importante entender que, si se va a elegir a un joven para una posición que exige la prudencia de un hombre viejo, ello debe ser porque ha demostrado méritos notables y porque procura subsanar su falta de experiencia rodeándose de personas mayores capaces de brindarle consejo.

No es necesario ocupar una responsabilidad para comenzar a ser virtuosos; podemos empezar a actuar como tales desde ahora. A pesar de lo ajetreada y dura que ha sido nuestra historia, América Latina cuenta con grandes ejemplos de hombres que enfrentaron la adversidad y defendieron la libertad y la independencia de nuestros países. Conviene volver la mirada hacia ellos e imitar sus ejemplos: Benito Juárez, Simón Bolívar y José Martí son algunos de esos nombres. Hombres virtuosos que imaginaron un futuro en el que sus países podían ser mejores de lo que eran, se atrevieron a actuar y, por ello, su legado permanece hasta nuestros días.

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