Hace un par de meses vi una campaña de un medio muy reconocido en Australia que promovía la prevención de la violencia digital contra la mujer. Esto me resultó sumamente interesante, ya que, al igual que muchas personas, pensaba que los índices relacionados con este tema habían disminuido en los últimos años. Sin embargo, tras una búsqueda más profunda que empecé a hacer no hace mucho, descubrí que existen numerosos casos que demuestran todo lo contrario, en especial en nuestro país.
Hoy, la violencia digital es un tema de gran relevancia que necesita ser visibilizado y discutido. Aquí te cuento el porqué: desde las aulas de escuelas, colegios y universidades hasta los entornos laborales, el mundo digital y el internet se han convertido en recursos vitales para millones de personas. Estas herramientas conectan a la sociedad y abren un sinfín de oportunidades en ámbitos como la educación, el empleo y la participación cívica.
No obstante, junto a estos beneficios también surge la socialización digital, entendida como el proceso mediante el cual las personas aprenden, interactúan y construyen relaciones dentro de entornos digitales (como redes sociales, juegos en línea y comunidades virtuales) a través de interacciones mediadas por la tecnología. Este proceso crea nuevas formas de identidad personal y de relación que complementan la socialización tradicional. En otras palabras, es la extensión de nuestra vida social cotidiana hacia el mundo online.
Informes de la ONU señalan que, para las mujeres, la digitalización —incluida la incorporación de la inteligencia artificial— se presenta como una herramienta de empoderamiento, pero también como un espacio de alta vulnerabilidad.
“Mujeres líderes, periodistas, activistas y figuras públicas se enfrentan a una incesante desinformación de género, ataques mediante deepfakes y campañas coordinadas de acoso diseñadas para silenciarlas, avergonzarlas y expulsarlas de la vida pública.” (ONU News, 2025)
Actualmente, las redes sociales se han convertido en la principal fuente de estos problemas. En ellas se refuerzan estereotipos y desigualdades, como el escrutinio excesivo del cuerpo y la imagen femenina, expectativas idealizadas sobre cómo debe ser una mujer y la penalización social por opinar, liderar o destacar. Aún más preocupante es la normalización del acoso y la agresión verbal en chats y plataformas digitales, una de las formas de violencia más recurrentes en la actualidad.
Como mujer, estas situaciones personalmente me generan miedo, al sentir que no puedo navegar libremente dentro del mundo digital. Y, al igual que yo, muchas niñas y jóvenes en Ecuador expresan ese mismo sentimiento: “No nos sentimos seguras en los espacios en línea, al igual que en la vida real.” Esta es una realidad que debe cambiar desde nuestras propias generaciones.
Por ello, es fundamental impulsar una educación digital que se integre en conversaciones entre amigos, familias y comunidades cercanas, fomentando redes de apoyo y también mecanismos de protección frente a posibles amenazas online. Y ojo: es extremadamente esencial que, si se están presentando estos actos —ya sea contigo o con alguien cercano a ti—, se puedan denunciar de manera inmediata.
Finalmente, quiero dejar esta pregunta: ¿Somos realmente conscientes de cómo usamos las redes sociales y los medios digitales? Nuestra identidad en el mundo real se refleja también en el entorno online, por lo que es indispensable construir espacios digitales seguros, éticos y libres para todas y todos. Recuerda siempre que está en nuestras manos cuidar nuestra identidad y respetar la de los demás.
Gracias por leer mi nota. Esta fue con mucho cariño.
¡Los quiero, lectores!
Brittany





